ISABEL ORSI
Después de tanta duda dolorosa
en esta noche oscura de la fe;
de tanto padecer por entenderte,
y un anhelo tan hondo de creer;
de querer penetrar en el misterio,
de intentar escuchar en el silencio,
de luchar por desgarrar el velo
y escarbarte las llagas con los dedos
y palpar cada herida de los clavos
y procurar meter toda la mano
en ese hueco abierto en tu costado;
después de tanto reclamarte " pruebas"
como Tomás con él quiero gritarte:
_"Señor mío" -aun sin verte ni tocarte-
y "Dios mío" , rendida, proclamarte.