Arrebatada en rojos torbellinos,
mi alma te busca, señor mío,
en la hondura interior
y entre la gente que pasa a mi lado.
Como una jovencita enamorada
me asomo a la ventana
y quisiera encontrarte
en cada planta, en cada flor.
A lo lejos un faro que ilumina,
protege y guía mi navío,
para que no se hunda
en el mar embravecido.
Se produce el Encuentro
en el lugar menos pensado,
casi insospechado,
en la soledad y el silencio.
Callada,
sin poder explicar detalles,
tu presencia me colma y envuelve,
eleva y derriba,
postrándome a tus pies.
Jesús en vos confío.

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